21 agosto 2005

Lacrimae rerum

Recuerdo el brillo que se reflejó en el espejo cuando la mano de mi abuela bajaba a estamparse contra mis mejillas en dos sonoras bofetadas. Yo no tendría más de cinco años y no sé que travesura provocó aquel castigo. Me llevé las manos a la cara, que me ardía, pero no lloré. Mi abuela hablaba y hablaba regañando y moviendo las manos y yo solo podía seguir mirando aquellos destellos de colores que surgían de su anillo. Fue la primera ocasión en que vi esa joya.
Era, y es, un anillo muy hermoso, grande y ovalado; en el centro, una esmeralda límpida de cuyo engaste salen dos docenas de finas tiras de oro que acaban en otros tantos diamantes, montados en boca rusa. Mi abuela lo había recibido de su madre y ésta de la suya. Una joya familiar que pasaba de madres a hijas.
Conforme mi abuela envejecía y su carácter empeoraba por momentos, aquel anillo pareció convertirse en lo único que la mantenía viva. Las conversaciones con sus hijas giraban siempre en torno a la joya, y la prometía a una o a otra, según éstas se mostraran más o menos dispuestas a atender sus innumerables caprichos, sus malos humores y su despotismo.
Yo había crecido lo suficiente y el brillo de las piedras había dejado de fascinarme. A esa alhaja en particular, le tomé una inquina terrible. La miraba y me convencía de que si mi abuela no la poseyera quizás su carácter fuera otro; creía que del anillo emanaba una especie de poder maléfico que convertía a mi abuela en lo que era; una persona intratable a quien con mucho esfuerzo te acercabas a preguntar como estaba o a darle un beso.
Mi abuela falleció sin dejar testamento y ninguna de sus hijas quería aquel dichoso anillo que, con seguridad, tenía para ellas las mismas desagradables connotaciones que tenía para mí. Por tradición, le tocaba a mi madre, la hija mayor, pero no lo quiso y el anillo quedó en el fondo del joyero de mi tía. Muchos años después, cuando ésta también falleció, pasó al de mi madre, hasta que se cansó de verlo y me lo regaló. Soy la única descendiente de sexo femenino y me toca tenerlo por tradición. Y ahí está, en mi joyero. Nunca me lo he puesto. Cada vez que lo veo no puedo evitar el recuerdo del destello en el espejo y el escozor en la mejilla; y siento una mezcla de resentimiento y piedad por mi abuela.
Me pregunto si ella también hubiera deseado no poseer ese anillo y si lo usaba con nosotras de la misma forma que lo habían usado con ella.
Como un arma insidiosa; bellísima y cruel.

11 comentarios:

Sherezada dijo...

Dicen que las cosas toman ciertas energías de sus dueños... yo lo habría vendido o mandado a rehacer :)
A fin de cuentas uno arrastra la historia de la familia sea buena o no tanto, con o sin anillo.
Excelente escrito, como siempre!!

Un besote
Sherezada

Corizandy dijo...

Yotampoco quisiera algo así, digo...un objetoque tuviera esa connotación negativa y mucho menos si porusarlo se me atribuiría. ¡Me gustan mucho tus relatos!

Saluditos!!! ;)

Julio Avendaño dijo...

Antes de nada, a mí me gustan las manos desnudas y no entro en menudencias. Le das tanta viveza a las imágenes que usas que logras transportarme a la sensación. Eso, desde la parcelita, te lo agradezco.

El sentido que le otorgamos a las cosas deja entrever esa necesidad que todos tenemos: trasladar al plano concreto aquello que sólo logramos tener de forma real en el plano ideal, sentimental o abstracto si se quiere. El problema, creo yo, es cuando llegamos a creer que el objeto es la realidad y no un simple representante de esta, pero igualmente, es inevitable. Poco cuerdo, poco loco, pero bien.

Luego, desde la parcelita nuevamente, te agradezco (ya sabes cuanto) este metafórica zarandeada que me has brindado a través de tus palabras.

JC Jáquez (Bakoprosa) dijo...

Geneal como siempre...
Muy bueno y conmovedor.
Trenzas, el que te lee se transporta. Buenas imagenes.

Y personalmente, tambien hubiera hecho lo mismo que tu o ya lo hubiera vendido creeme.

Las cosas materiales tienen menos de la mitad de la importancia que realmente la gente les da.

Dejalo ahi, los malos recuerdos se engabetan y olvidan.

Hasta siempre Trenzas.
Nos leemos...

Trenzas dijo...

Sherezada; bueno, es una historia de familia a medias. El anillo existe, aunque tal vez no tan esplendoroso como parece, pero no está nada mal :)
Es cierto que no me lo pongo. pero creo que los motivos son otros; como que no pega con tejanos y geox, por ejemplo :D
Un besote y suerte en Chiloé..!
*
corizandy; claro que no. Las cosas que nos traen recuerdos negativos, mejor dejarlas bajo llave y olvidadas.
Un beso y suerte con ese alfabeto o lo que sea.. ¿como era? bueno, japonés :)

Trenzas dijo...

julio; tomar la parte por el todo y encima confundir realidades.
Es un problema común en los humanos; o mejor, una confusión común. En muchos casos esas confusiones van unidas al miedo y no se pueden disociar. En cierta manera de eso va el post; de miedo; y se exorciza (o se pretende exorcizar) con la codicia.
Si alguien teme no ser amado, porque ha amado poco a los demás, el miedo se hace presente bajo ciertas circunstancias. En este caso, miedo a ser desatendida, olvidada, recluida. Y pone en juego lo que tiene y cree que es lo que más le interesa al mundo en general; una cierta riqueza.
Y el mundo está mejor "un poco loco, un poco cuerdo, pero bien".
Parece que los dos somos aficionados a las metáforas zarandeadas, lo cual me complace mucho.
Vos, allá y yo, aquí, a falta de algunos tornillos que nos ajusten el cerebro en su sitio.
Feliz del encuentro..!
Un abrazo

Trenzas dijo...

juan ca; gracias..!
Y tienes mucha razón; toda la vida luchando por lo material, para que luego lo mejor de la vida sea completamente gratis.
Los malos recuerdos que se acumulan en la vida, tienden a prevalecer, y es una dura tarea borrarlos de la mente. Yo me conformo conque no duelan demasiado
:)
He estado en tu blog personal: Volveré :D
Un beso, amigo

Noria dijo...

a veces, cuando creemos que algo es, conseguimos que sea. posiblemente de ponerte ese anillo, hubieras sentido que algo no estaba bien... es el poder de convertir lo posible en real... en nuestra mente.. y hacia fuera, hasta todo lo demás...

besito

Trenzas dijo...

Este post debería titularse lacrimae rerum.
Las cosas tienen lágrimas que desconocemos. Tú lo sabes. Muchos de tus posts van de eso; de llantos escondidos.
Beso enorme

Arîadhna dijo...

Es triste este relato. Quizá porque me recuerda demasiado cierta realidad.

Besote grande,Trenzas.

Trenzas dijo...

Ariadna; pues sí; es triste lo mires por donde lo mires. Cada persona lleva con ella su propia realidad, que no es la de los otros. Quizá por eso nos vemos tan diferentes unos de otros; y el caso es que la condición humana siempre es la misma.
Esto es "casi" un cuento, "casi" uan historia.
Como casi todo lo que escribimos, y es también una especie de clavo ardiendo. Bueno, que se me va la olla :D
Un beso grande