05 septiembre 2005

Dedos para peces

Me llamaban y aquella voz era mi propia voz. Me incorporé en la cama, confusa. Volví a oír mi nombre. La llamada parecía venir del resquicio luminoso que se abría al fondo de aquel pasillo que no recordaba en mi casa.
¿Dónde estaba..? La habitación era la mía; diferente, más oscura, pero era mi cuarto. Bajé de la cama y caminé hacia la luz por aquel espacio estrecho y desconocido, apoyando los brazos en las paredes laterales. Tenía los pies helados y me dolía la mano derecha. La luz parecía alejarse a cada paso que daba y el suelo bajo mis pies se había vuelto elástico y blando. No me di cuenta de cuando empecé a flotar, pero era eso lo que estaba haciendo; fluctuar ingrávida hacia el final del corredor.
Alguien me sujetó; pregunté, “¿Susana..?”. Afirmó con la cabeza y se puso un dedo en los labios reclamando silencio. Tiró de mí hacia la luz lechosa apretando mi mano derecha que cada vez me dolía más. Intenté decírselo pero volvió a reclamar silencio. El pasillo ya no estaba y flotábamos sobre un pequeño lago rodeado de árboles. Nubes azul oscuro cubrían el agua aunque yo podía verla y también a los peces; había muchos sacando la cabeza a la superficie como si se estuvieran ahogando. Quise preguntarle a Susana pero ya no era ella quién me sostenía. Me asusté; quería gritar y soltarme del cepo de aquella otra mano que apretaba mis dedos sin compasión. Forcejeé, me revolví, necesitaba liberarme y de pronto otra mano surgió y empezó a estirarme de los dedos. Vi, horrorizada, como los iba desprendiendo de mi mano y los tiraba al centro del lago donde los peces se arremolinaban y peleaban por cada pedazo de mi carne en un revuelo salvaje de escamas y bocas abiertas. Y los dedos volvían a crecer y de nuevo me los arrancaban; pensé que era muy extraño que no me doliera la mano y que estuviera tan blanca y entera.
Nadie me sujetaba, pero algo me empujó más allá de los árboles. Me sentí aliviada cuando vi que estaba sola de nuevo. Sola y sentada en una ancha pared de piedra que dividía una gran extensión cubierta de hierba. Me dejé caer sobre ella y me tumbé cara al cielo. Seguía plagado de nubes azul oscuro que bajaban despacio hacia mí. Bien; me abrigarían y podría descansar un rato.

6 comentarios:

rafael romero dijo...

Muy a mi gusto el ámbito pesadillesco y de inquietante sonambulez que le das al relato. No sólo incita a la imaginación y al deleite onírico sino que también revela cierto dominio narrativo por parte tuya. En pocas palabras, una muy buena narración, un trozo de la ficción de la que muchos de nosotros nos alimentamos.

Sherezada dijo...

Que bien, el lado surrealista de Trenzas!! (más de lo común, digo :D). está excelente, pero espero la segunda parte o no podré dormir esta noche! (ya sabía yo que los peces no eran de fiar...)

Un besote ote
Sherezada

Trenzas dijo...

rafael; bienvenido y muchas gracias por tus palabras de ánimo.
Me sirven de mucho vuestros mensajes. Ayudan a seguir y a intentar que nadie se aburra demasiado en mis blogs.
Conozco tus "Cinco kilos de vacío", aunque no se puede llegar desde el enlace de tu comentario, pero ya hace tiempo que estás entre los blogs que leo. Me cuesta el primer paso, pero eso ya está resuelto con tu visita :)
Muchas gracias de nuevo y un saludo cariñoso.
*
Sherezada; ¿pero es que tú nunca habías oído hablar de las cabras surrealistas..? :D :D
Espero que hayas dormido, porque no se me ocurre "nadita de nadita" para la segunda parte.
Piensa que me desperté en la hierba rodeada de algunos de tus animalitos de Chiloé.
Un besote, ote y más.

Julio Avendaño dijo...

Pequeña divina comedia y neo-bautizo de "prometea encadenada"... me encanta el punto de vista onírico-real que le das, los recursos, y hasta la inocencia imposible con que cierras el relato... Digno de ti y de tus sueños.

Trenzas dijo...

Soñé eso una vez, pero me desperté tan angustiada que me costó recuperar la respiración normal.
Mejor acabarlo de forma que no me volviera a pasar :)
Algún día, tengo que terminar de quitarme de encima las pesadillas que me acompañaron durante unos dos años casi a diario. Fue una mala época y de veras parecía una auténtica "prometea encadenada" cada noche.
¡Ufffff..! Todavía no lo cuento :)
Un abrazo, Julio. Me alegro mucho de verte.

alexisherrera_a dijo...

sueños, realidad, sufrimiento, encantamiento. Yo le llamo AMODIO.
esa única forma de realmente vernos en nuestro reflejo...

que bueno saberte.

Alexis.